La salamandra de ojos bondadosos y espíritu de fuego pasea por el jardín de los decapitados que no se dan por enterados, incapaces de percibirla con sus sentidos de tiza, con su sangre congelada.
Un blog de dibujos espontáneos que voy haciendo en mi libreta en medio de notas y mapas mentales, al vaivén de los oficios de comunicador, los recuerdos y las emociones; acompañados de breves textos sobre su sentido y las peripecias de su surgimiento.
lunes, 12 de agosto de 2013
lunes, 5 de agosto de 2013
martes, 23 de julio de 2013
martes, 16 de julio de 2013
lunes, 1 de julio de 2013
El sueño del viejo auto
Entretanto, en otro lugar de la mente del dibujante, emerge un sueño: Camino con un viejo. Encontramos un hombre tratando de romper una botella de whisky con su cabeza. Lo convencemos de que mejor nos la bebamos. Lo hacemos filtrando cada trago con los dientes pues la botella tiene varias grietas y tememos que haya astillas de vidrio adentro. Luego viajo con el hombre en un viejo auto y recogemos una mujer atractiva que tiene la suerte echada porque este, además de fracasar una y otra vez en sus intentos por dejar la bebida, es un violador y asesino irrefrenable. Cuando la mujer sospecha su suerte, desde el puesto de atrás lo besa en la oreja (él conduce) y luego lo muerde. Trato de ayudarla pero él me atrapa los testículos. El dolor me despierta.
lunes, 17 de junio de 2013
Cuando el mensaje llegó a su destinataria después de varias lunas y esta abrió los frascos, las esencias florales se tradujeron en aladas y certeras palabras que entraron por su oído y le alborotaron el entresijo pues vislumbró el amor. Los entendidos sospechan que en el origen de este mensaje está un poema de Juan Manuel Arango que arranca diciendo "O como dos que hablan después del amor...".
Quien lo quiera leer completo pues lo busca.
lunes, 10 de junio de 2013
Atravesó la ciudad y nadie vio bajo el ala...
Atravesó la ciudad y nadie vio bajo el ala el curioso dispositivo de transporte de los componentes del mensaje secreto. En los arcos de seguridad dotados de rayos X, las vigilantes dormitaban.
De manera algo distinta a la acostumbrada, donde los matachos van surgiendo y aquí los acomodo en frágiles historias, este matacho es claramente un puente entre el pájaro patinador y el matacho que viene. Una especie de matacho implícito que me vi obligado a dibujar para desarrollar este relato. En cambio, la ciudad de las culebras se atravesó del modo acostumbrado: surgió de pronto y el pájaro que ya patinaba por allí deambuló por ella sin que nadie lo viera.
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