En alguna columna, Héctor Abad Faciolince propuso que las gentes que no creemos en dioses aprendiéramos poemas para usarlos en vez de las plegarias en caso de necesidad como, por ejemplo, en los instantes previos a la caída del avión o las horas siguientes a un diagnóstico terminal. La propuesta me pareció más que razonable y entonces hice este ayudamemoria para aprenderme las primeras líneas de este poema del gran León. Ahí les va por si también les sirve. Tiene su utilidad en situaciones menos dramáticas: cuando uno está colgado del tubo en un transmilenio atestado o tiene los ojos irritados de tanto mirar pantallas y pantallitas.
Un blog de dibujos espontáneos que voy haciendo en mi libreta en medio de notas y mapas mentales, al vaivén de los oficios de comunicador, los recuerdos y las emociones; acompañados de breves textos sobre su sentido y las peripecias de su surgimiento.
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domingo, 16 de noviembre de 2014
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