El dirigible de 10 ojos sobrevuela las nubes y descansa de ver tantas tropelías que hacen gentes indolentes allá abajo, sobre la sufrida piel de ese planeta.
Un blog de dibujos espontáneos que voy haciendo en mi libreta en medio de notas y mapas mentales, al vaivén de los oficios de comunicador, los recuerdos y las emociones; acompañados de breves textos sobre su sentido y las peripecias de su surgimiento.
jueves, 6 de diciembre de 2018
martes, 20 de noviembre de 2018
miércoles, 14 de noviembre de 2018
Esta culebra dispuesta a morderse la cola es mi primer ejercicio serio luego de cortarme la yema del pulgar de mi mano derecha. Fueron 14 puntos y la esquina interna del dedo me quedó insensible, justo en la zona donde agarro el micro punta o la pluma o el color. De modo que me estoy acostumbrando a esa extraña sensación. Creo que seguiré rayando.
viernes, 19 de octubre de 2018
miércoles, 10 de octubre de 2018
Esta fornida ángela de la guarda brotó de la punta de la pluma y se posó en mi libreta de forma rotunda. Tiene algo de estatua aunque el viento le mueve el pelo y es evidente que soporta bien las inclemencias del clima. Como las ángelas, como las estatuas. Lleva con gracia de garota su pareo y me causa gracia preguntarme si las ángelas usan pantaletas.
martes, 9 de octubre de 2018
miércoles, 19 de septiembre de 2018
martes, 4 de septiembre de 2018
Al respaldo de un viejo diploma del tío Antonio fechado en 1958, médico con vocación de reparador de cosas descompuestas, rayo un dechado de colores gastados en forma de cuadrados y rectángulos, más un círculo y un cuadrado. De esta manera selecciono cuáles de los marcadores de la caja que hace una década me trajo Aleida del MoMA ya se secaron del todo. Dado su origen, tengo fe en que saben dibujar. Así, sobre el papel que tiene bonitas manchas del paso del tiempo además de un tono amarillento, se va formando la retícula de esta ciudad no imaginada sino aparecida, por estos días en que no leo en la flota Las ciudades invisibles, pero sí las Seis propuestas para el próximo milenio del enorme Calvino. Ahí voy, entre la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad...
viernes, 17 de agosto de 2018
viernes, 15 de junio de 2018
En las fotos ella tiene 5 años y él 10. Ella está disfrazada de colombina para el carnaval de tierra caliente. Él, vestido de domingo en una ciudad fría. Murió hace 5 años a los 85 y ella lo recuerda ahora a los 64: "mi corazón", lo nombra. Las fotografías están del lado derecho de su angosta cama de ermitaña lectora y escritora en el páramo. No vivieron juntos, no se dio esa coincidencia. Se dieron muchas otras. Se amaron.
sábado, 9 de junio de 2018
domingo, 6 de mayo de 2018
La hora de revolotear de unos es la de la cena de otros
Este matacho empezó así. Un cartucho de tinta verde fosforescente en la pluma, que es tan clara que no sirve para escribir, menos cuando la agudeza visual no sobra sino que falta. Surgió entonces el entramado del fondo, por el gusto de rayar y para desocupar el cartucho. Después de tres o cuatro pasadas de garabatos, vino la idea de la vista cenital de una floresta, una vista a vuelo de pájaro. Entonces fueron trazados los pájaros, primero el croquis, luego las muchas rayitas de las secciones para hacer tiempo y evitar el empiece del enhebrado de palabras para un texto desangelado por encargo. Trazados los pájaros quedaba mucho espacio vacío y surgieron los insectos. Trazados los insectos, pues faltaba que se relacionaran con los pájaros, de modo que se convirtieron en su alimento. Fin.
sábado, 5 de mayo de 2018
El maduro hombre árbol ya sin pelo conserva un sueño y una bandola de bichos voladores le cantan la canción de sirenas de ese sueño al oído.
Matacho transcrito de la libreta de personajes partidos por la mitad, con las modificaciones propias de este tipo de transcripción: se destejió el cuello tortuga, alzó vuelo la bandola de bichos voladores, se arrugó en colinas un paisaje, la caja de colores bostezó su arco iris. Historia escrita al calor de esta publicación
martes, 24 de abril de 2018
El pez lámpara acompaña el vapor que pilota Marlow en busca del corazón de las tinieblas.
He saldado la deuda de lectura con Conrand. Leí la novela en una edición del Libro al Viento que cargué en el bolsillo durante un viaje y que no he puesto a circular de nuevo. Leía más bien distraído en el avión y decidí mejor ponerme a rayar en la libreta. Rayé primero las ondas del mar o el río. Entonces el barco entró a campo por la izquierda arrastrando tras de sí la orilla enmarañada, luego saltó el pez con lámpara para alumbrar las tinieblas y en esas estaba cuando de pronto me estalló en la cabeza la idea de que Marlow no era otro que el predecesor, el padre espiritual, de Maqroll el Gaviero y sus tribulaciones. Cosa bien sabida como después supe por mi amado Lorenzo, pero que en ese momento fue para mí una estremecedora epifanía. Otra cosa: este matacho es un retorno al origen; tal cual salió en la libreta de apuntes fue coloreado, sin versionarlo en la libreta de dibujos. No sé, sentí un fresquito.
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